La virginidad en la Novela Romántica. ¡No es por lo que tú piensas!



Querida,  lectora enamorada del amor:

Estarás de acuerdo conmigo en que la virginidad es recurrente en la NR, y no solo en la NR Histórica por razones obvias, sino que también aparece de vez en cuando en la Contemporánea. Quizás os hayáis preguntado en muchas ocasiones por qué, hasta en la histórica en la se permiten todo tipo de licencias a la hora de interpretar los comportamientos y la mentalidad de la época, seguimos, sin embargo, tan fieles al requisito social de la virginidad.

¿Acaso la mujer no va a poder zafarse de esa imposición cultural, moral y religiosa ni en pleno siglo XXI, especialmente en novelas escritas por mujeres y para mujeres? ¿Cómo es esto? Parece indignante, ¿no es así?, pero seguimos leyéndolas, ¿por qué? Si te quedas conmigo hasta el final lo averiguaremos juntas.

Como no me canso de repetir, mi premisa, y probablemente la de todas, a la hora de leer y de escribir una NR es crear una fantasía que nos sumerja en un viaje de emociones que nos distraiga del caos de la vida y nos inspire una nueva salida, un nuevo enfoque a nuestros propios problemas, no porque nos den la fórmula sino, como toda buena terapia, para que la genere una misma, como podéis leer en mi artículo La novela romántica no es un mero pasatiempo. Claro, que para que eso ocurra hay que ser selectiva con lo que se lee, de lo contrario solo habremos destapado el tapón del lavabo con el grifo abierto.

¿Qué aporta la virginidad a la NR entonces? La respuesta no puede ser más evidente a poco que leamos entre líneas, y no me refiero solo al sexo. La virginidad representa un viaje hacia lo desconocido de la mano de un hombre que lo sabe todo de la vida y el sexo, mientras la protagonista no sabe nada. Implica misterio, novedad, estrechez. La estrechez sugiere rozamiento, fricción, placer y dolor, de nuevo no solo en el plano físico. La virginidad convierte lo más prosaico del mundo en novedoso y te enfrenta a lo más deseado y lo más temido, a la incertidumbre.

En la histórica, la virginidad amplifica el suspense. La protagonista lo arriesga todo: la reputación, la libertad si queda embarazada, el corazón y hasta la salud. ¿Hay algo más temido que ser despreciado por los demás y abandonada a tu suerte? ¿Hay mayor desafío, mayor locura?

La intensidad de la emoción depende de la intensidad de lo vivido, especialmente de lo mucho que uno tiene que perder, y así mismo depende de la inmensidad de lo superado, convirtiendo el final feliz en una explosión de alegría que nos puede durar varias horas e incluso días, por eso leemos Romántica. ¿O no? ¿Qué opinas tú lectora? 

Aviso: En las dos novelas que llevo publicadas hasta ahora, no menciono la virginidad de mis «protas».


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