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El lado oscuro de la Novela Romántica

 

Una imagen creada por IA de un hightlander con tartán, en un paisaje montañoso.
Imagen creada por IA

Igual estáis pensando que me refiero a la violencia, al machismo, a la grosería o al porno, pero no me refiero a nada de eso, al menos no por ahora, y no en este artículo, me refiero a los argumentos escritos por y para mentalidades infantiles.

 ¿Nos tomamos la NR en serio o no nos la tomamos? Esa es la cuestión.

 Soy la primera en defender y admitir que el género consiste en una serie de fantasías: el final feliz, la belleza de los amantes, sus abundantes cualidades, la capacidad de decir y hacer en el momento exacto lo que por lo general no se nos ocurre más que a toro pasado, etc. Esas son a grandes rasgos, y simplificando mucho, las características formales diferenciadoras del género   con las que contamos las lectoras, y a las que no voy a poner objeciones.

 Pero luego está la otra parte, la argumental, la que nos hace sentir, la que nos lleva en un viaje emocional a través de unas situaciones que nos recrean la realidad de una forma creíble con la que se pueda ensayar la propia vida. No es solo leer, debe incitar a la lectura activa, a que empaticemos, a que rechacemos, a que aprobemos a que condenemos, a que hagamos la novela nuestra. Si no produce eco, si no resuena, si no palpita vida con sus luces y sus sombras; si no hay quién se la crea, una se siente que le han robado neuronas, vida y dinero (el orden elíjelo tú).

De la calidad humana de los personajes no tengo nada que decir, sean buenos, malos o regulares, de todo hay en la viña del señor y que cada una decida  lo que se lleva a la mente en sus lecturas; la sombra es una parte fundamental de la novela; ahora bien, de la calidad literaria de los personajes, sí debemos exigir coherencia con su contexto social, histórico y personal; y coherencia consigo mismos, que actúen como dicen ser, o mejor, que no lo digan y nos lo  muestren.

Estamos de acuerdo en que los sentimientos son lo más importante en la NR, pero acompañados de la razón, que sean maduros, para adultos. Sentimiento y razón deben hasta cierto punto, ser inseparables, porque ninguno de ellos conviene que caminen a solas por el mundo. No digo que no habrá momentos en que la pasión y el impulso los arrastre y otros en que se dejen llevar por el cálculo y la fría razón, por supuesto, para crear tensión y drama, pero sin perder de vista  la verosimilitud y que estamos escribiendo para adultos.

Hay tramas por ahí que cuando las leo me sonrojo, y no lo digo por el sexo. El exceso de sexo solo produce aburrimiento, al menos a mí, pero ese no es el tema de este artículo, me refiero a la simplicidad, a la memez, tanto del argumento como de la narración.
Muchas de las lectoras veteranas de romántica lo están abandonando. Releen o directamente no tocan el género, y no es que este defecto que denuncio no venga de atrás, claro que sí, pero creo que si no aceptamos que ningún hombre nos tome por tontas, tampoco deberíamos aceptárselo a las mujeres que somos las que las escribimos.
¿Tú qué piensas? Dejadme vuestro comentario y lo debatimos.

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