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¡La NR advierte! Que no se metan tu corazón en un bolsillo


Pantalón vaquero con un corazón rosa metiéndose en un bolsillo
Fotografía de  Michaela 💗 en Pixabay


Hoy me he cruzado en las redes sociales con el siguiente argumento de un libro que, al parecer, está teniendo mucho éxito: «un hombre de 40 se enamora de una chica de 25 en una situación vulnerable y comienzan una relación supuestamente de amor intenso que termina siento manipulación, aislamiento, crítica y varios tipos de violencia» Hilo original aquí.

No lo he leído y no es su crítica lo que me lleva a escribir este artículo sino que creo justo recordar, ante esta proliferación de historias sobre relaciones tóxicas de los últimos tiempos, que la Novela Romántica, esa a la que a veces se la acusa de llenar la cabeza de pájaros a las mujeres, son también las mismas que han denunciado esas prácticas y las han plasmado en sus páginas para ayudarnos a detectarlas. Las han descrito con pelos y señales, cargadas de emoción y realismo para que se nos quedara bien grabadas en la memoria. ¿Que no me creéis? Pasemos a verlo.

¿Acaso no fue Jane Austen la que describió al detalle cómo era el método que utilizaba el apuesto galán que nos cae llovido del cielo? Ese que admira todo lo que dices, lo que haces, que se extasía con tus versos, tus canciones, tus opiniones, que te hace creer que eres la reina de Saba. Si, ese era el guapo de Willoughby:

«No conozco a nadie cuyo modo de ser encaje tan exactamente con el mío. Nos agradan y detestamos las mismas cosas». Sentido y Sensibilidad, de Jane Austen.

O el artero que te manipula y te hace creer que te comprende como nadie, lo que ahora llamamos empatía y, que como toda herramienta, lo mismo sirve para lo bueno que para lo malo. Ese simpático que astutamente te lleva al error, como el querido Mr. Wickham, que dice lo siguiente del Sr. Darci en los receptivos oídos de Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio: "El mundo está cegado por su fortuna y su importancia o asustado por su orgullo y lo ve solo como él desea ser visto." 

Y qué me decís del entrañable amigo de la pareja. Ese que se lleva bien con los dos, que no parece estar interesado románticamente en ella, que no padece celos ni los comprende en otros; el amigo incondicional que lo mismo contenta a uno que a la otra. ¿Habéis conocido uno así? Ese que en el fondo, con palabras descuidadas, en apariencia inocentes, siembra la semilla de la discordia y destruye la pareja. Pues ese ya nos lo mostró Mary Balogh en, Ligeramente Peligroso.

Luego tenemos al maltratador puro y duro, ese manipulador que poco a poco te va minando, separando de todo aquel que te quiera, el que te anula y acaba destruyéndote como persona o matándote directamente. Ese nos lo enseñó Lisa Kleypas, en El diablo tiene los ojos azules.

No me olvido de Linda Howard, esta mujer trata varios de estos temas, pero para nombrar uno menos común, en Un lugar en el corazón, nos puso un ejemplo de cómo pararle los pies a un energúmeno que te confunde con su primera esposa, el que pretende hacerte pagar todo lo que la otra le hizo. La protagonista, una pipiola de ciudad, plantó los pies en el rancho, bien firmes, y le curó el síndrome de la ex a base de entereza y honestidad, jajaja.  

La misma autora, en otro muy famoso suyo, nos denuncia algo que por desgracia también pasa y que la Novela Romántica trata, como no podía ser de otra forma, antes que nadie: la denuncia falsa. No digo más para no destripar la novela, se titula Lecciones Privadas.

El siguiente es La mujer cautiva, de Patricia Gaffney. Esta doblegó la mano de un hombre que parecía tener la extraña creencia de que haber sufrido en la vida le daba derecho a esclavizar a su mujer. Ella le enseñó lo equivocado que estaba, y que hasta en la más extrema de las circunstancia, aún hay partes de ti que no pueden doblegar, y lo hizo con armas muy refinadas, lo que hoy llamaríamos pasivo agresivas, las únicas de las que tradicionalmente disponía la mujer a falta de otras más justas e igualitarias. De ahí su fuerza y su peligrosidad. 

¿Y el abusón? Ese que empuja y empuja y prueba tus límites, hasta que por fin reconoce que se ha topado con un muro infranqueable: sabe que por mucho que haga no va a conseguir dominarte, puede partirte, pero no doblegarte, que hay algo que solo se consiguen con amor y no con fuerza, y  se llama respeto. Con este argumento nos encontramos con una larga lista de títulos, pero voy  a mencionar El encanto de un bribón, de Loretta Chase.

Ahora le toca al «perdóname chica, pero si no lo viste venir, es que tienes que leer más novelas románticas»,  de esas que te estoy nombrando por aquí, y no como Romper el círculo, de Collen Hoover. Esta última, curiosamente la más directamente relacionada con la causa del maltrato, es, en mi opinión, la que menos favor le hace; en especial porque el tipo, desde el primer capítulo ya le avisa a ella de lo que es, pero la protagonista prefiere no creerlo y hacerse ideas románticas de que con su amor lo va a cambiar.

Y por último están los protagonistas que no sabes lo que son, los que te hacen dudar porque no los conoces aún y solo cuentas con el instinto o los hechos observables: ¿Tú cuál eliges? A esta categoría pertenecen (por ahora) los protagonistas de mis novelas, los que te afilan el instinto y te permiten conocerte a ti misma y tus fuerzas. 




  

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