El Dark Romance no es el triunfo del hombre tóxico, sino la consecuencia del hombre normativo.
| Fotografía de Dima Valkov |
Es muy frecuente por las redes sociales los debates sobre lo
incomprensible de la irrupción de este fenómeno literario en un momento en el
que los esfuerzos por la igualdad y por erradicar el maltrato a la mujer están
en su auge.
El género ha surgido entre las jóvenes, que no son solo las
que lo leen sino, lo más sorprendente las que lo escriben. ¿Cómo es esto, cómo
es posible que la generación que más educación ha recibido sobre igualdad y
prevención del maltrato sea la que escriba estas historias?
Aviso que ya he leído por muchos foros que esto no es nada
nuevo, que novelas con esta temática ya existían, y sí, claro que existían,
pero en otro contexto, cubriendo digámoslo así otra fantasía, que no era la de
vivir situaciones extremas como aliciente, sino la fantasía de reformar al
canalla, de hacerlo mejor persona gracias a la intervención de la protagonista.
La premisa era que una mujer con inteligencia, amor propio y orgullo podía
domesticar a cualquier tipo, por muy duro de pelar y sinvergüenza que fuera.
Ahora, sin embargo, la historia es otra. En el contexto
actual de la novela romántica e incluso de la vida real, solo hay dos tipos de
hombres: los saludables y los tóxicos y la línea que los separa se la han dado
ya trazada y en negrita; en estos temas no se admiten medias tintas. Ninguna
mujer que se respete a sí misma debe cuestionarlo.
Los jóvenes, como es bien sabido,
aprenden de la vida por instinto, por lo que perciben por sus sentidos en
experiencia directa (no leída ni teorizada) y sobre todo por el sexto, el más
sensible y poderoso de todos. El joven y más aun el niño es muy sensible a lo
que se le oculta, a lo que se le disfraza, a lo que les choca por incongruente
y les inquieta. Se rigen por lo que los mayores hacen y no por lo que los
mayores dicen que se debe hacer. Por lo tanto, no nos debe extrañar que las
chicas se den cuenta de que ese hombre de manual que cumple con todas las
etiquetas sanitarias —No queremos justificaciones ni excusas, así que no me
cuentes penas— que quieren endilgarle no es verídico.
Ante ese panorama literario hecho
ex profeso, la lectora juvenil que aún tiene el instinto muy afilado y no se la
dan con queso, se desespera y se aburre, como le aburren esos chicos descolocados
y fingidores de la vida real que les recitan eslóganes aprendidos que suenan a
hueco. Ojo, que no lo digo de forma despectiva, ellos también están perdidos en
el mismo Laberinto de espejos.
¿Os sorprende que las chicas
quieran hombres reales, con problemas reales, con conflictos auténticos en los
que afilar las uñas y echar las muelas, para no masticar toda la vida con los dientes
de leche? ¿Acaso no hemos aprendido que literatura es poderosa para experimentar,
pero impotente para educar?
¿Y cómo se rebelan? Pues como se ha hecho siempre, con lo
esperable, llevándolo al extremo, a la caricatura: los protagonistas ya no son
humanamente imperfectos, sino sobrehumanamente imperfectos (la fantasía),
exageradamente imperfectos (los mafiosos). ¡Son terribles!
Es una salida ingeniosa ante tanta
falsedad y tanto cuento chino. Ante el
miedo de plasmar en las historias sus auténticos conflictos y miedos, con personajes
que arrastran defectos y traumas para aprender a gestionarlos, para llegar a
compromisos, con la capacidad que para ello tiene una mujer; el Dark Romance,
pura exageración e impotencia, se adelanta a las críticas que les llueven y nos
grita: ¡ojo!, ¿no ves que es ficción?
Yo lo veo claro, no sé vosotras
qué pensáis.
Una teoría muy bien argumentada y que en ningún caso hemos de desechar 👏🏾
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